# Bajo presión

> Anatomía de la campaña de erosión reputacional contra la Argentina. Por qué la reputación nacional es un recurso tan estratégico como el petróleo del Atlántico Sur.

- Autor: Alejandro Taibi (https://geopolitica.ar/quien)
- Publicación: Geopolítica.ar, el único portal de análisis geopolítico editado desde la provincia de Entre Ríos (Paraná, Argentina)
- Fecha de corte: 2026-07-20
- Sección: PODER BLANDO · GUERRA COGNITIVA · INVESTIGACIÓN
- URL canónica: https://geopolitica.ar/nota/bajo-presion
- Cómo citar: Taibi, A. (2026, 20 de julio). Bajo presión. Geopolítica.ar. https://geopolitica.ar/nota/bajo-presion

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Por Alejandro Taibi*

### Por qué importa

La reputación es un recurso tan estratégico como el petróleo del Atlántico Sur: define quién consigue aliados, financiamiento y legitimidad para su reclamo. Este análisis desarma la anatomía de la campaña de erosión y propone una doctrina permanente del interés nacional.

Cuando los jugadores argentinos desplegaron la bandera tras eliminar a Inglaterra en la semifinal del Mundial, una controversia deportiva que llevaba semanas incubándose se conectó de golpe con la disputa territorial más sensible del Atlántico Sur. Ese instante condensa la pregunta que este análisis intenta responder con método y sin conspiracionismo: ¿existe una campaña de erosión reputacional contra la Argentina? ¿Quién se beneficia de ella? ¿Qué debería hacer la Argentina?

## La reputación es un recurso estratégico

Los Estados no ejercen poder únicamente mediante fuerzas armadas, recursos económicos o capacidad tecnológica. También lo hacen a través de su prestigio internacional. Aquello que conforma el mentado *soft power* que no es otra cosa que la capacidad de conseguir adhesión por atracción y legitimidad antes que por coacción.

La escuela geopolítica argentina lo entendió antes de que existiera la etiqueta. Cuando Jorge Atencio definió la geopolítica como ciencia auxiliar de la conducción del Estado, y cuando Guglialmelli insistió en que el poder nacional descansa tanto en el frente interno —cohesión, legitimidad, continuidad de objetivos— como en el frente externo, ambos estaban describiendo lo mismo que hoy se discute en los manuales de guerra cognitiva: la reputación reduce el costo de obtener apoyos diplomáticos, facilita inversiones, fortalece alianzas y hace que las reivindicaciones de un país sean recibidas con mayor predisposición.

Por la misma razón, la reputación puede convertirse en un objetivo. Una campaña destinada a erosionarla no necesita demostrar que el Estado atacado carece de derechos. Le basta con instalar que ese Estado es agresivo, imprevisible, corrupto o incapaz. Consolidada esa imagen, cada reclamo posterior se interpreta desde un marco previo de sospecha.

## Cómo se fabrica la sospecha

No toda hostilidad informativa es una operación de inteligencia, pero toda operación de inteligencia recurre a la hostilidad informativa. El análisis profesional distingue tres fenómenos. La **campaña dirigida** supone planificación, conducción y financiamiento centralizados. La **campaña facilitada** ocurre cuando un actor aporta contenidos o incentivos y deja que terceros los adapten. La **cascada convergente**, en cambio, no requiere comando único: medios, usuarios, empresas y gobiernos amplifican una narrativa porque les resulta útil, rentable o ideológicamente atractiva.

Los objetivos posibles de una campaña reputacional del tipo convergente contra un Estado son concretos. No se busca que el mundo entero crea una acusación: alcanza con instalar una duda permanente, deslegitimar al emisor antes de que formule su reclamo, convertir el respaldo activo de terceros países en indiferencia, encarecer el costo de defender al país atacado, preparar el terreno para decisiones futuras sobre recursos o sanciones, provocar una sobrerreacción que confirme la acusación inicial, dividir internamente a la sociedad o, en el límite, desmoralizarla hasta que ella misma considere inútiles sus objetivos nacionales. Cuando una población interioriza que «no podemos», el adversario obtiene una victoria sin modificar formalmente ninguna frontera.

La ejecución de una campaña reputacional sigue una secuencia reconocible: se elige un objetivo específico, se estudia el terreno informativo —prejuicios existentes, rivalidades históricas, comunidades receptivas—, se construye una narrativa maestra simple y adaptable («Argentina no respeta las reglas» sirve igual para el fútbol, la economía o Malvinas), se espera o se elige un detonante que le dé base de realidad, se siembra en cuentas periféricas, se amplifica con bots, publicidad e influencers, se valida mediante expertos y medios que creen reproducir información ya verificada, y finalmente se explota institucionalmente: la narrativa se vuelve denuncia, resolución, sanción o condicionamiento político o financiero. En esa instancia ocurre la transición de la comunicación al poder material.

## El caso: lo que pasó en el Mundial

La Argentina llegó al Mundial 2026 con el terreno preparado para cualquier operador: campeona vigente, el futbolista más reconocido del mundo, rivalidades históricas intensas y una desconfianza generalizada hacia la FIFA que circula desde 2022. Tras los partidos contra Egipto y Suiza, reclamos puramente arbitrales de los equipos convivieron con afirmaciones tremendas que ya circulaban fuertemente: que la selección argentina y, lo que es más grave, los argentinos en general eran racistas, que la FIFA inventaba reglas para la Argentina, etcétera.

Sobre ese sustrato ambiguo se montó la producción de contenido falso: videos descontextualizados, audios manipulados, imágenes generadas con IA. La agencia AFP verificó un video fabricado que mostraba a Messi simulando una agresión, circulando simultáneamente en español, francés, portugués, árabe e inglés. La circulación multilingüe es un indicador de amplificación internacional, que da indicios de un actor interesado en polarizar con capacidad para difundir contenidos que producen indignación, enfrentamiento y tráfico. Y el tráfico, en el ecosistema de plataformas, es la condición necesaria para instalar una duda permanente que deslegitime a su objetivo.

## El punto de inflexión y el trasfondo material

Inmediatamente después de la reivindicación realizada por el público y la selección argentina sobre la cuestión Malvinas, el gobierno británico respaldó los pedidos para que la FIFA investigara el episodio por vulnerar las reglas contra mensajes políticos, y la secuencia permitió un traslado de atributos: el supuesto favoritismo deportivo se convirtió en incumplimiento institucional; la celebración futbolística, en provocación territorial; la identidad nacional, en amenaza política.

La Argentina aparece como un país transgresor, emocionalmente desbordado e incapaz de respetar reglas; el Reino Unido, en contraste, como garante de estabilidad, democracia y previsibilidad. En esa distribución de papeles se encuentra el verdadero efecto geopolítico de la campaña.

**El trasfondo material.**

Sea Lion. En diciembre de 2025, Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum adoptaron la decisión final de inversión para el yacimiento del norte de las islas: unos 170 millones de barriles recuperables en su primera fase, una producción máxima cercana a los 50.000 barriles diarios y extracción desde 2028. La Argentina rechazó la decisión por tratarse de recursos en un área bajo disputa de soberanía. Sea Lion introduce intereses concretos —petroleras, bancos, aseguradoras, contratistas, la administración isleña, el Gobierno británico— que se benefician de una percepción precisa: que el territorio es estable, que la administración local es legítima, que la inversión es segura y que la oposición argentina es manejable. Todo esto define una estructura objetiva de incentivos en la cual cuanto menor sea la credibilidad argentina, menor será el riesgo político percibido del proyecto.

El componente más claramente atribuible, a esta campaña de erosión reputacional, ni siquiera es clandestino. El Reino Unido sostiene una operación pública y permanente que presenta la cuestión Malvinas desde cuatro conceptos —autodeterminación, democracia, prosperidad y estabilidad— y que en junio de 2026 reiteró ante la OEA que ninguna negociación puede realizarse sin el consentimiento de la población implantada en las islas. Ese marco compite con el argentino, basado en integridad territorial, descolonización y la obligación de negociar reconocida por la ONU. Y funciona mejor cuanto más pueda presentarse a la Argentina como agresiva, imprevisible e institucionalmente inestable. La degradación de la imagen argentina no reemplaza el argumento británico, sino que lo vuelve emocionalmente más persuasivo.

## El verdadero teatro de operaciones

Queda claro que existen actores objetivamente beneficiados: el Gobierno británico, la administración colonial de las islas, las compañías que explotan recursos sin autorización argentina y la red de bancos, aseguradoras, fondos y contratistas que necesita presentar al Atlántico Sur como un espacio políticamente estabilizado bajo jurisdicción británica.

Pero para una atribución técnicamente responsable es necesario reconstruir la cadena de mando, el financiamiento, la infraestructura digital, los intermediarios y los patrones de coordinación. Esa prueba no está disponible y es tarea del Estado argentino obtenerla.

Ahora bien, la ausencia de atribución concluyente no obliga a la pasividad, mucho menos a la ingenuidad. En inteligencia estratégica se actúa sobre capacidades, intenciones, vulnerabilidades y efectos previsibles, no únicamente sobre confesiones o documentos secretos. Lo comprobable es suficiente para establecer una alerta: contenidos falsos o manipulados circularon de manera multilingüe; fueron amplificados por redes transnacionales; erosionaron la reputación argentina; y sus efectos resultan funcionales a la estrategia británica de legitimación política, económica y territorial.

La hipótesis más sólida, ya lo señalamos, es que puede tratarse de una operación de arquitectura de convergencia: actores estatales, medios, plataformas, empresas, influencers y comunidades digitales que, por razones diferentes, reproducen un mismo encuadre. El resultado es acumulativo. La Argentina aparece como transgresora, agresiva e institucionalmente incapaz; el Reino Unido, como administrador previsible de un territorio estable.

Esa distribución de atributos reduce el costo diplomático de la ocupación, disminuye el riesgo político percibido por los inversores y debilita la predisposición de terceros Estados a respaldar activamente la posición argentina. Ese es el efecto estratégico, con independencia de quién haya producido el primer contenido.

## Las campañas que no parecen campañas

La desinformación viral es apenas la capa más visible. Las operaciones de influencia más eficaces no siempre inventan hechos ni emplean ejércitos de bots. También actúan mediante selección, jerarquización, repetición, omisión y normalización.

Un mapa internacional que representa las islas como territorio británico; un informe financiero que omite la controversia de soberanía; una plataforma meteorológica que adopta unilateralmente la nomenclatura británica; un documental que presenta a la población implantada como pueblo amenazado por la Argentina; una universidad que reproduce el principio de autodeterminación sin considerar la doctrina de integridad territorial; un videojuego, una serie, un buscador o un sistema de inteligencia artificial que incorpora como dato neutral la administración británica: cada uno puede funcionar como vector de normalización.

Su acumulación produce una infraestructura cognitiva: millones de personas reciben una interpretación predeterminada antes de conocer que existe una disputa.

La operación más eficiente es aquella que desaparece como operación porque su conclusión se ha convertido en sentido común.

Por eso no alcanza con verificar noticias falsas. Deben analizarse las narrativas, los canales de distribución, la infraestructura técnica, los grupos objetivo, los financiadores, las conductas coordinadas y la traducción de esas percepciones en decisiones diplomáticas, económicas o jurídicas. Los sistemas contemporáneos de respuesta ya no se concentran exclusivamente en la veracidad de una pieza, sino en el comportamiento manipulador de las redes. La Unión Europea denomina a este fenómeno *Foreign Information Manipulation and Interference* y organiza su respuesta en cuatro planos: conocimiento situacional, resiliencia, disrupción y regulación, y acción exterior. Su objetivo es volver estas actividades más costosas y menos sostenibles para sus ejecutores.

## Contragolpe

La Argentina necesita una doctrina permanente que articule poder cultural, comunicación estratégica, inteligencia informativa y diplomacia pública. No existe hoy un sistema nacional integrado con esa misión y continuidad. Debe constituirse.

Su finalidad no sería «mejorar la imagen del país», sino cumplir cinco objetivos concretos:

- Configurar un entorno internacional favorable a los intereses permanentes de la Nación.

- Detectar y neutralizar acciones destinadas a reducir su legitimidad, cohesión o libertad de decisión.

- Convertir cultura, ciencia, educación, deporte y conocimiento en influencia política acumulable.

- Impedir la normalización jurídica y económica de situaciones contrarias a la soberanía argentina.

- Elevar los costos políticos, financieros y reputacionales de quienes se beneficien de la ocupación y explotación ilegal de recursos nacionales.

Esta doctrina debería operar mediante un ciclo permanente que anticipe, detecte, analice, atribuya, responda, disuada y mida.

La Argentina debe partir de una definición jerarquizada de sus intereses permanentes: integridad territorial; autonomía política; control de recursos estratégicos; unidad y cohesión nacional; desarrollo científico y productivo; integración suramericana; presencia efectiva en el Atlántico Sur y la Antártida; y capacidad para proyectar su propia interpretación del mundo.

Desde esa cosmovisión, el país no es una periferia atlántica que formula un reclamo insular. Es una potencia media sudamericana con una estructura territorial continental, fluvial, marítima, insular y antártica. Malvinas es el punto donde convergen esas dimensiones y donde una potencia extrarregional intercepta la continuidad geopolítica argentina.

La defensa reputacional no puede reducirse a responder agravios, aunque debe responderlos. Debe impedir que el adversario establezca las categorías dentro de las cuales será interpretada la Argentina. Debe crear anticipadamente audiencias, alianzas, autoridades culturales y redes de conocimiento capaces de disputar esas categorías.

No se trata de conseguir que el mundo quiera a la Argentina. Se trata de aumentar su capacidad para definir agendas, condicionar decisiones, formar coaliciones, proteger mercados, encarecer acciones contrarias a sus intereses y sostener sus objetivos nacionales a través del tiempo.

El país que no proyecta su propia visión termina habitando la visión construida por otros. Y el Estado que renuncia a producir influencia deja a sus adversarios la facultad de determinar qué derechos serán considerados legítimos, cuáles serán ignorados y qué despojos podrán normalizarse sin costo.

* Licenciado en Relaciones Internacionales
